Sin posibilidad de ser pausado el tiempo va transcurriendo imparable. Ya han pasado unos meses desde que este espacio quedara congelado ante el desaliento… decepciones a las que tan lamentablemente nos hemos acostumbrado. Incomprensible país el nuestro que lejos de avanzar tiende, como atraído por un extraño imán, a retroceder hasta extremos irrisorios. Una y otra vez. Pasado y presente. Cuenta atrás la de nuestra liberación que tantas veces vemos, cual espejismo, accionarse para luego comprobar como tan fácilmente los sueños se convierten en pesadillas y, al despertar, observar una vez más como el cronómetro se encuentra paralizado, estupefacto. Como si nadie hubiese accionado nunca el play o incapaz de mover sus agujas con unas pilas ya desgastadas o caducas. El país es sabio, esta vieja nación nos enseña día a día , año a año, proyecto tras proyecto que no le gustan las chapuzas, las cosas mal hechas, los proyectos convertidos en fachadas que ocultan tomaduras de pelo. Vuelta a empezar. Tras una larga pausa no queda otra que volver a emprender el camino… Disparo de salida… Volver a soñar ya no sólo con encarrilar un poco este país sino con no volver a despertar dentro de otros diez, quince o veinte años y comprobar que una vez más se trataba de un espejismo y que nuestro cronómetro continúa inmóvil. Hoja de ruta. Año clave 2.030. Comienza la fiesta…